Testigos del Cambio Climático en América Central

En 2008, CESTA (FoE El Salvador), colectaron durante un encuentro de víctimas del Cambio Climático una série de testigos que comparten con nosotros sus problemáticas en cuanto pérdida de vidas, cosechas y bosques, la mayoría de las veces debido a la introducción de falsa soluciones en sus países, o por los impactos del Cambio Climático, ambos causados por los países económicamente ricos.

Biodiversidad, aguas, tierras de agricultores, pérdida de poblados, y extracción de recursos, son junto a la mala gestión de sus gobiernos, los puntos tratados en primera persona por estos testimónios de América Central. El mensaje, tal y como dice, Mrs. Amador es:

HAY QUE ORGANiZARSE PARA SEGUIR ADELANTE!

Para ver estos 9 testigos en youtube, pincha AQUí

Testimonios: Tobas, miseria sin fin (AR)

Este artículo de Mempo Giardinelli, escritor y periodista nacido en el Chaco Argentino en 1947, nos recuerda de nuevo el motivo fundamental de la existéncia de este blog sobre Justicia Climática: la denuncia de casos de muerte y miseria colectiva a raíz del descalabre del sistema financiero mundial de estos días, este que en su momento fue puesto en marcha por las rapaces del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Este testimonio de impacto está recogido in situ, en la ruta del periodista por algunos núcleos de poblaciones que salpican el recorrido del río Pilcomayo en Argentina. Desafortunadamente, es otra história de tierras las cuales han sido vendidas con sus poblaciones, fauna y cultura dentro.

Tobas, miseria sin fin.

En estos tiempos el Chaco concita la atención de todo el mundo.

Prensa y televisión global vienen a mirar los estragos de la desnutrición que afecta a miles de aborígenes en los bosques que se conocen – ya impropiamente – como El Impenetrable. Mi colega y amiga Cristina Civale, autora del blog Civilización y Barbarie, del diario Clarín, me invita a acompañarla. No es la primera invitación que recibo, pero sí la primera que acepto.. Rehusé viajar antes de las recientes elecciones, porque, obviamente, cualquier impresión escrita se habría interpretado como denuncia electoral. Y yo estoy convencido, desde hace mucho, de que la espantosa situación socioeconómica en que se encuentran los pueblos originarios del Chaco, y su vaciamiento sociocultural, no son mérito de un gobierno en particular de los últimos 30 o 40 años (los hubo civiles y militares; peronistas, procesistas y radicales) sino de todos ellos.

Primero nos detenemos en Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco (90 mil habitantes), para una visita clandestina -no pedida ni autorizada- al Hospital Ramón Carrillo, el segundo más importante de esta provincia. Civale toma notas y entrevista a pacientes indígenas en las salas de Tisiología, mientras yo recorro los pasillos mojados bajo las infinitas goteras de los techos, y miro las paredes rotas, despintadas y sucias, los patios roñosos y un pozo negro abierto y rebalsando junto a la cocina.

Situémonos!

Situémonos!

Aunque el frente del hospital está recién pintado, detrás hay un basural a cielo abierto en medio de dos pabellones. Vidrios y muebles rotos, escombros, radiografías, cascotes y deshechos quirúrgicos enmarcan las salas donde los pacientes son sólo cuerpos chupados por enfermedades como la tuberculosis o el Chagas. Me impresiona la mucha gente que hay tirada en los pisos, no sé si son pacientes o familiares, lo mismo da.

Una hora después, en el camino hasta Juan José Castelli -población de 30 mil habitantes que se autocalifica “Portal del Impenetrable”- la desazón y la rabia se perfeccionan al observar lo que queda del otrora Chaco boscoso. Lo que fue imperio de quebrachos centenarios y fauna maravillosa, ahora son campos quemados, de suelo arenoso y desértico, con raigones por doquier esperando las topadoras que prepararán esta tierra para el festival de soja transgénica que asuela nuestro país.

Entramos -nuevamente por atrás- al Hospital de Castelli, que se supone atiende al 90 o 95 por ciento de los aborígenes de todo el Impenetrable. Lo que veo allí me golpea el pecho, las sienes, los huevos: por lo menos dos docenas de seres en condiciones definitivamente inhumanas. Parecen ex personas, apenas piel sobre huesos, cuerpos como los de los campos de concentración nazis.

Una mujer de 37 años que pesa menos de 30 kilos parece tener más de 70. No puede alzar los brazos, no entiende lo que se le pregunta. Cinco metros más allá una anciana (o eso parece) es apenas un montoncito de huesos sobre una cama desvencijada. El olor rancio es insoportable, las moscas gordas parecen ser lo único saludable, no hay médicos a la vista e impera un silencio espeso, pesado y acusador como el de los familiares que esperan junto a las camas, o tirados en el piso del pasillo, también aquí, sobre mantas mugrientas, quietos como quien espera a la Muerte, esa condenada que encima, aquí, se demora en venir.

Selva quemándose

Selva quemándose

Siento una furia nueva y creciente, una impotencia absoluta. Le pregunto a una joven enfermera que limpia un aparador vidriado si siempre es así. “Siempre”, responde irguiéndose con un trapo sucio en la mano, “aunque últimamente han sacado muchos, desde que empezó a venir la tele”.

Es flaquita y tiene cara de buena gente: se le ve más resignación que resentimiento. Son 44 enfermeros en todo el hospital pero no alcanzan para los tres turnos. Trabajan ocho horas diarias cinco días por semana y cobran alrededor de mil pesos los universitarios, y menos de 600 los contratados, como ella. Los días de lluvia los techos se llueven y esto es un infierno, dice y señala los machimbres podridos y los pozos negros saturados que revientan de mierda en baños y patios. Y todo se lava con agua, nomás, porque “no tenemos lavandina”.

Camino por otro pasillo y llego a Obstetricia y Pediatría. Allí todos son tobas. Una chiquilla llora ante su hijo, un saquito de huesos morenos con dos ojos enormes que duele mirar. Otra joven dice que no sabe qué tiene su nena pero no quiere que muera, aunque es obvio que se está muriendo. Hay una veintena de camas en el sector y en todas lo mismo: desnutrición extrema, mugre en las sábanas, miles de moscas, desolación y miedo en las miradas.

Después viajamos otra hora y el cuadro se hace más y más grotesco. Paramos en Fortín Lavalle, Villa Río Bermejito, las tierras allende el Puente La Sirena, los parajes El Colchón, El Espinillo y varios más. Son decenas de ranchos de barro y paja, taperas infames donde se hacinan familias de la etnia Qom (tobas). Todas, sin excepción, en condiciones infrahumanas.

Digan lo que digan, estas tierras -más de tres millones de hectáreas- fueron vendidas con los aborígenes dentro. Son varios miles y están ahí desde siempre, pero no tienen títulos, papeles, ni saben cómo conseguirlos. Los amigos del poder sí los tienen, y los hacen valer. El resultado es la devastación del Impenetrable: cuando el bosque se tala, las especies animales desaparecen, se extinguen. Los seres humanos también.
Y aunque algunas buenas almas urbanas digan lo contrario, y se escandalicen ciertas dirigencias, en el ahora ex Impenetrable chaqueño palabras duras como exterminio
o genocidio tienen vigencia.

El Río Pilcomayo

El Río Pilcomayo

Desfilan ante nuestros ojos enfermos de tuberculosis, Chagas, lesmaniasis, niños empiojados que sólo han comido harina mojada en agua, rodeados de perros flacos, huesudos y ojerosos como sus dueños. Se llaman Margarita, Nazario, Abraham, María y lo mismo da. Casi todos dicen ser evangelistas, de la Asamblea de Dios, de la Iglesia Universal, de “los pentecostales” o “los anglicanos”.
Involuntariamente irónico, evoco a Yupanqui: “Por aquí, Dios no pasó”.

Al caer la tarde estoy quebrado, roto, y sólo atino a borronear estos apuntes, indignado, consciente de su inutilidad. Al partir de regreso veo en un caserío un cartel deshilachado por el sol:

“Con la fuerza de Rozas, vote lista 651”

Y en la pared de un rancho de barro, seguramente infestada de vinchucas, veo un corazón rojo como el de los pastores mediáticos brasileños de “Pare de sufrir”. Abajo dice: “Chaco merece más. Vote Capitanich”.

A unos 400 kilómetros de aquí el escrutinio final de las elecciones avanza lenta, nerviosamente. En alguna oficina el ministro de Salud de esta provincia seguirá negando todo esto, mientras el gobernador se prepara para ser senador y vivir en Buenos Aires, bien lejos de aquí, como casi todos los legisladores.


¡Nunca antes, el Chaco ni este país me habían dolido tanto!!!

Desmitificando los Agrocombustibles

En muchas partes de Asia India, China, Indonesia, la mayoría de Europa, este de los Estados Unidos y zonas costeras de Sur África, estamos consumiendo entre el 100 y el 200 % de la productividad primaria local. En las grandes ciudades, esta cifra se dispara hasta un 40.000 % y si tomamos a todo el planeta en su conjunto, los humanos estamos acaparando en torno a un 60% de la productividad primaria global de los ecosistemas del planeta tierra.

La Soberanía Energética, tiene como una de sus metas totales detener urgentemente este apabullante crecimiento en muchos campos de ‘bio’combustible fósil -esencialmente bioetanol y biodiésel- para el su uso en los motores del mundo.  En este continente, la UE ha establecido absurdamente unos objetivos particularmente altos en su política respecto los combustibles a usar para el transporte. Hacia 2020 la unión europea pretende que hasta un 10% de su demanda de combustibles para el transporte provenga de los agrocombustibles y cuenta con el etanol celulósico como fundamento para esta nueva o futura generación de carburantes, según Tadeus Patzec en un artículo publicado originalmente en Energy Tribune. Mal asunto.


Los agrocombustibles no dejan de ser otra falsa solución para una crisis energética que ya hace tiempo ha empezado a causar problemas sociales de punta a punta del mundo. Desde el desplazamiento de comunidades, la pérdida de campos fértiles que dejan de producir alimentos para producir combustibles que se engullen implacablemente en el ‘norte’.

Razones para ir en contra las hay, y muchas, más estos dias cuando se dice que Arabia Saudi ya ha advertido que el précio del petroleo va a subir (más y más).

Aquí el testimonio de varios hombres y mujeres del mundo comparten las trágicas consecuencias del impacto de los por algunxs, mitificados agrocumbustibles. Gracias a los amigxs de CENSAT Agua Viva de Colombia por su inspiración y trabajo.


Aquí, información sobre la campaña en resistencia a los agrocumbustibles que se lleva a cabo en Colombia.

Tal vez te interesa leer una descripción más completa sobre la crisis energética en Inglés, wikeálo aquí.

Si quieres encontrar mas recursos sobre el tema de la Crisis energética, puedes encontrar esta página muy útil.

Testimonios del Clima desde Latinoamérica

Si pinchas aquí podrás leer el testimonio de personas que provienen de comunidades latinoamericanas que ya están sufriendo directamente las consecuencias del cambio climático.

Aldrin de Haiti habla sobre la necesidad de talar arboles como medio de subsisténcia.  
Verónica desde Argentina cuenta la problemática con las inundaciones del Río Salado.  
La tercera entrada es un vídeo desde Ixchiguán, Guatemala, donde un referéndum entre la población dictaminó estar en contra de la extracción de metales y químico debido a sus dañinos efectos en los ecosistemas locales.   

Los documentos pertenecen a la Campaña sobre Justicia Climática y Energía de Friends of the Earth International.